#EnLaBretxa: ¿Podemos mejorar la democracia?, per Vicente Díaz

En una democracia parlamentaria, como es la española, en teoría, (pero sólo en teoría) debería primar el derecho de las personas por encima de cualquier otro interés, sea de la índole que sea. Esto, por supuesto, está muy lejos de ser real. Influyen muchos factores. En primer lugar, en el sistema de globalización, los mercados están por encima del poder gubernamental de cualquier nación (véase el ejemplo de Grecia). Aunque los gobiernos tengan buenas intenciones su poder de actuación está limitado y su capacidad de mejorar la situación de sus súbditos, está más allá de su poder.

Está claro que nuestra sociedad funciona como secta piramidal. Aunque en los sistemas policiales, judiciales, administrativos, etc… existan personas dispuestas a luchar por la justicia, no depende totalmente de ellos. Por encima, existen otros cargos, y encima de éstos, otros más altos que, muchas veces, se han conseguido por medio de políticas rastreras, más bien para sus beneficios personales que de la sociedad. Éstos frenarían en sus muchas ocasiones establecer las bases de una sociedad más justa.
Así, las personas que se supone son los que realmente basan sus hechos en la base de la democracia, o sea, el pueblo corriente, se convierten en los últimos en contar con ellos para la democracia (salvo, claro está, contar con ellos para poner por medio de sus votos a los chupópteros que los desangren de forma legal).

Así, una consciencia social chocaría con los intereses contaminantes de las multinacionales que prefieren arruinar el futuro de la Humanidad antes que anteponerlo a sus intereses sin escrúpulos. O evitar tocar los paraísos fiscales, en donde ingentes cantidades de euros podrían acabar con la crisi mundial.

Es más fácil y sencillo recortar por todos los sitios a los escasos recursos de la gente común, hasta llevarlos a la exclusión social y la miseria. El que se atreva a protestar haciendo valer sus derechos, se las verá con la ley mordaza y sus nefastas consecuencias.

Tampoco se ven muchas señales de que las altas instituciones (casa real, gobiernos central, autonómicos, locales, poderes judiciales) por medio del ejemplo, bajen de su Xanadú (donde los sueños se hacen realidad) y condesciendan con la sencilla gente común, que tiene que aguantar el tremendo peso de la torre financiera, política, militar, eclesiástica, fuerzas de seguridad, funcionarios, sindicatos sin escrúpulos, que anteponen sus intereses al de los trabajadores.

Al contrario, en vez de tomar medidas de aforados (que no están sujetos a la justícia común de la mayoría de los mortales) y ser un poco más humildes, hacen todo lo contrario.

En vista de ello, la situación obliga a lalucha por medio de ideas revolucionarias y anarquistas (libertad de estar sujetos al poder de estas hienas y buitres). Así, la lucha por una mejor democracia, si no viene por arriba, por fuerza debe venir por abajo.

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